- Se incorporó
- 17 Marzo 2005
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A tí te parece normal que llegue un fanático religioso a la moneda a hacer misas casi todos los días en el palacio de gobierno mientras el pais se hunde en listas de espera, crisis seguridad, urgencias economicas? Con todo esto, relato adoptado por el mismo gobierno, les parece prioritario las misas. Cuatro veces por semana. Cuatro. No es una anéctoda, es una señal de que los gobernantes todavia tienen mentalidad del medio evo.
Pagamos sueldos de Presidentes, ministros, gabinete, asesores y funcionarios para que gobiernen un Estado laido, no para que conviertan la sede de la República en una sucursal del movimiento católico alemán Schoenstatt. La capilla de La Moneda pasó de ser un espacio residual a marcar el ritmo de la agenda matinal, con la primera dama de feligresa frecuente y funcionarios desfilando a misa como si fuera acto de servicio público.
¿Cuántas reuniones de trabajo, cuántas decisiones urgentes, cuántas horas de gestión se pierden mientras se normaliza que el poder ejecutivo funcione al compás de una rutina confesional? Ahora Kast instaura una práctica que no solo intensifica la presencia religiosa, sino que envía un mensaje brutal: el catolicismo ultraconservador copa los tiempos y los símbolos del Estado.
El dato del capellán lo termina de retratar: Mariano Irureta, Schoenstatt como el Presidente, hijo de un histórico DC, elegido a dedo por el cardenal Chomali. No es un capellán cualquiera, es una correa de transmisión ideológica. Y que los funcionarios se trasladen desde otros ministerios a la misa matinal de La Moneda deja de ser espiritualidad y pasa a ser una perversión del deber funcionario: el Estado no paga sueldos para peregrinaciones internas al altar del poder.
Esto no es fe privada. Es usar el corazón del Estado laico para hacer proselitismo, diluir la separación Iglesia-Estado y mandar la señal de que el gobierno gobierna de rodillas ante un credo particular. Que Kast rece en su casa de buin lo que quiera. Pero La Moneda no es una parroquia y sus ocupantes están obligados a gobernar para todos, no a financiar con su tiempo –pagado por todos– una rutina que excluye, adoctrina y retrasa al siglo XIX.
Y lo digo como católico.
Yo soy ateo. Y me molestan todas las burradas de religiones por igual.
Pero que un religioso vaya a misa no. Es su puta costumbre y mientras no obligue a la gente no tiene por qué ser un puto problema.


